En el bosque repuesto y escondido,

Que halagar lisonjero las orejas

De algún príncipe insigne; aprisionado

En el metal de las doradas rejas.

Triste de aquel que vive destinado

A esa antigua colonia de los vicios,

Augur de los semblantes del privado.

Cese el ansia y la sed de los oficios;

Que acepta el don y burla del intento

El ídolo a quien haces sacrificios.