Y la ambición se ríe de la muerte.

Y ¿no serán siquiera tan osadas

Las opuestas acciones, si las miro

De más ilustres genios ayudadas?

Ya, dulce amigo, huyo y me retiro

De cuanto simple amé; rompí los lazos.

Ven y verás al alto fin que aspiro,

Antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

LUPERCIO LEONARDO
DE ARGENSOLA

36. A la esperanza