Que amanece a mi mal siempre temprano;

Y tanto, que persuade la tristeza

A mis dos ojos, que nacieron antes

Para llorar que para ver. Tú, sueño,

De sosiego los tienes ignorantes,

De tal manera, que al morir el día

Con luz enferma vi que permitía

El sol que le mirasen en Poniente.

Con pies torpes al punto, ciega y fría,

Cayó de las estrellas blandamente