Pero no a su defensa sus hazañas;

Diéronle muerte y cárcel las Españas,

De quien él hizo esclava la fortuna.

Lloraron sus envidias una a una

Con las propias naciones las extrañas;

Su tumba son de Flandes las campañas,

Y su epitafio la sangrienta luna.

En sus exequias encendió al Vesubio

Parténope, y Trinacria el Mongibelo;

El llanto militar creció en diluvio.