Por haber descubierto

De la querida patria el dulce puerto.

Mas ¡ay! que estaba ignoto

A la experiencia y ciencia del piloto

En la barra un peñasco,

Donde, tocando de la nave el casco,

Dio a fondo, hechos mil piezas,

Mercader, esperanzas y riquezas.

¡Pobre bajel, figura

Del que anegó mi próspera ventura!