Desciende ya propicio;

Cuanto me quites de la odiosa vida,

Me quitarás de mi inmortal suplicio.

¿De qué me sirve el súbito alborozo

Que a la aurora resuena,

Si al despertar el mundo para el gozo,

Solo despierto yo para la pena?

¿De qué el ave canora, o la verdura

Del prado que florece,

Si mis ojos no miran su hermosura,