Que consentir jamás ningún tirano!»

Sí, yo lo juro, venerables sombras;

Yo lo juro también, y en este instante

Ya me siento mayor. Dadme una lanza,

Ceñidme el casco fiero y refulgente;

Volemos al combate, a la venganza;

Y el que niegue su pecho a la esperanza,

Hunda en el polvo la cobarde frente.

Tal vez el gran torrente

De la devastación en su carrera