Das a la hirviente cuba:

No de purpúrea flor, o roja, o gualda

A tus florestas bellas

Falta matiz alguno; y bebe en ellas

Aromas mil el viento;

Y greyes van sin cuento

Paciendo tu verdura, desde el llano

Que tiene por lindero el horizonte,

Hasta el erguido monte,

De inaccesible nieve siempre cano.