¡Oh! Si al falaz ruïdo

La dicha al fin supiese verdadera

Anteponer, que del umbral le llama

Del labrador sencillo,

Lejos del necio y vano

Fausto, el mentido brillo,

El ocio pestilente ciudadano.

¿Por qué ilusión funesta

Aquellos que fortuna hizo señores

De tan dichosa tierra y pingüe y varia,