Auras encomendándose animosa,

Enjámbrase el taller, hierve el cortijo,

Y no basta la hoz a las espigas.

¡Oh jóvenes naciones, que ceñida

Alzáis sobre el atónito Occidente

De tempranos laureles la cabeza!

Honrad al campo, honrad la simple vida

Del labrador y su frugal llaneza.

Así tendrán en vos perpetuamente

La libertad morada,