De leve palidez, y ser más bella
En su dulce terror, y sonreírse
Al sostenerla en mis amantes brazos!...
¡Delirios de virtud!... ¡Ay! desterrado,
Sin patria, sin amores,
Solo miro ante mí llanto y dolores.
¡Niágara poderoso!
Oye mi última voz: en pocos años
Ya devorado habrá la tumba fría
A tu débil cantor. ¡Duren mis versos