Cuyo solo aliento infesta.

»Y en cuanto él deje mi casa,

Antes de tornar yo a ella,

Purificaré con fuego

Sus paredes y sus puertas.»

Dijo el conde, la real mano

Besó, cubrió su cabeza,

Y retirose bajando

A do estaba su litera.

Y a casa de un su pariente