—Esa palabra, la niña,

no era sino traición:

¿cúyo es aquel caballo

que allá bajo relinchó?

—Señor, era de mi padre,

y envióoslo para vos.

—¿Cúyas son aquellas armas

que están en el corredor?

—Señor, eran de mi hermano,

y hoy os las envió.