En tus brazos en lánguido abandono,

De glorias y deleites rodeado

Levantar para ti soñé yo un trono:

Y allí, tú venturosa y yo a tu lado,

Vencer del mundo el implacable encono,

Y en un tiempo, sin horas ni medida,

Ver como un sueño resbalar la vida.

¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos

Áridos ni una lágrima brotaban;

Cuando ya su color tus labios rojos