Y no te escuchó Dios, y blasfemaste.

¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel! ¡martirio horrendo!

¡Espantosa expiación de tu pecado!

Sobre un lecho de espinas, maldiciendo,

Morir, ¡el corazón desesperado!

Tus mismas manos de dolor mordiendo,

Presente a tu conciencia lo pasado,

Buscando en vano, con los ojos fijos,

Y extendiendo tus brazos a tus hijos.

¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel!... ¡Ay! yo entre tanto