Que adoran de Estambul en los confines,

Y el lirio azul incógnito y campestre

Que nace y muere en el peñón silvestre.

¡Ven a mis manos, ven, arpa sonora!

¡Baja a mi mente, inspiración cristiana,

Y enciende en mí la llama creadora

Que del aliento del Querub emana!

¡Lejos de mí la historia tentadora

De ajena tierra y religión profana!

Mi voz, mi corazón, mi fantasía