—Capitán, idos con Dios,
Y dispensad que acusado
Dudara de vuestro honor.—
Tornó Martínez la espalda
Con brusca satisfacción,
E Inés, que le vio partirse,
Resuelta y firme gritó:
—Llamadle, tengo un testigo.
Llamadle otra vez, señor.—
Volvió el capitán Don Diego,