Desde el primer latido de mi pecho,

Condenado al amor y a la tristeza,

Ni un eco a mi gemir, ni a la belleza

Un suspiro alcancé:

Halló por fin mi fúnebre despecho

Inmenso objeto a mi ilusión amante;

Y de la luna el célico semblante,

Y el triste mar amé.

El mar quedose allá por su ribera;

Sus olas no treparon las montañas;