¡Ay! calló ya... Mi celestial querida

Sufrió también mi inexorable suerte...

Era un sueño de amor... Desvanecerte

Pudo una realidad.

Es cieno ya la esqueletada vida;

No hay ilusión, ni encantos, ni hermosura;

La muerte reina ya sobre natura,

Y la llaman... ¡Verdad!

¡Qué feliz, qué encantado, si ignorante,

El hombre de otros tiempos viviría,