Que en el santo jardín, rico de flores,

Solo yace tu césped sin ninguna.

¡No tienes una flor!... Ni ¿a qué dolores

Una flor de tu césped respondiera

Con aromas y jugos y colores?

Solo al riego de lágrimas naciera,

Y de tu fosa en el terrón ajeno

¿Quién derrama una lágrima siquiera?

¡Ay, sí, del ruiseñor, de vida lleno,

Que, en atmósfera extraña sofocado,