¡Recibe con mi adiós tu vïoleta!
La tumba de la virgen te la envía...—
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Y al unirse la flor con su poeta,
Ya en el ocaso agonizaba el día!
DON ADELARDO LÓPEZ DE AYALA
88. Epístola a Emilio Arrieta
De nuestra gran virtud y fortaleza
Al mundo hacemos con placer testigo:
Las ruindades del alma y su flaqueza