La ausencia el más atroz;
Que es un perpetuo sueño de mi oído
El eco de su voz...
Que siendo por su causa, el alma mía
¡Goza tanto en sufrir!..
Dios mío ¡cuántas cosas le diría
Si supiera escribir!...
III
EPÍLOGO
—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:
A don Ramón... En fin,