En 1879 y contando apenas diez y nueve años aparece Rizal por primera vez en público, asistiendo á un certamen literario celebrado en esta capital, y en el que consiguió premio por una oda en que ya dejaba traslucir su manera de pensar en la cuestión colonial. A partir de esta fecha, no ha cesado en su labor demoledora para la soberanía de España en Filipinas, y el año 1886 publica, impresa en Berlín, una novela tagala, escrita en castellano, con el título «Noli me tángere», llena de odio
[Fol. 63 vto.]
para la patria, en la que fustiga con los más denigrantes epítetos á los españoles, escarnece la religión católica, tratando de demostrar que nunca será civilizado el país filipino, interín esté gobernado, según él, por los canallas y degradados castellanos.
Inútil es decir, que conocida la obra, fué prohibida su entrada en el Archipiélago; pero Rizal con su habitual astucia, se arregló de modo de contrariar las órdenes de su autoridad, y el libro circuló por todo el Archipiélago, causando el inmenso daño que es de suponer.
El año de 1888 salió el procesado de Manila para el Japón, de allí fué á Madrid, luego á París y después á Londres, con el principal objeto de continuar en todos estos puntos la propaganda filibustera.
[Fol. 64.]
Pasado algún tiempo publica otro libro con el título «El Filibusterismo,» dedicado exclusivamente á ensalzar la memoria de los tres curas indígenas, que por haber tomado parte en la insurrección de Cavite el año 1872, fueron condenados á muerte, y á los que considera como mártires, lanzando de paso amenazas para la nación, que en uso de su derecho, no podía consentir que quedaran impunes atentados contra su legítima soberanía.
En el año 1892, Rizal se presenta al gobernador general y haciendo protestas de mentido arrepentimiento y amor á España, consigue de aquella autoridad el indulto de su padre y tres hermanas que estaban deportados; y para que se comprenda la lealtad con que este individuo procede en todos sus actos, al serle regis-
[Fol. 64 vto.]
trado el equipaje por los vistas de la Aduana se le encuentran gran número de documentos y proclamas separatistas, y á los tres días, faltando á la palabra de honor solemnemente empeñada de no conspirar más, convoca una reunión magna, en la que se echaron los primeros jalones del actual movimiento insurreccional, por suponer, como así sucedió, que no podría permanecer mucho tiempo en esta capital (fué deportado á Dapitan el 7 de Julio de dicho año) y desear que su forzada ausencia no retrasase, ni menos malograse, la marcha de los trabajos filibusteros.