19 hé aquí, [yo] os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará:
20 mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujeten: mas
antes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Te confieso, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas los sábios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así te agradó.
22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo le quisiere revelar.
23 Y vuelto particularmente á sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos
que ven lo que vosotros veis:
24 porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros
veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.
25 Y HÉ aquí, [que] un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo:
Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
26 Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees?
27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo, como á tí mismo.
28 Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.