3 Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento.

4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, [hijo]de Simón, el que
le había de entregar:

5 ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se
dió á los pobres?

6 Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino
porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.

7 Entonces Jesús dijo: Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado
esto;

8 Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no
siempre me tenéis.

9 Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al cual había resucitado de los muertos.

10 Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también á Lázaro;

11 Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él.

12 El siguiente día, mucha gente que había venido á la fiesta, como
oyeron que Jesús venía á Jerusalem,