—Vamos andando... á ver si llegamos pronto á casa para que V. se seque y tome algo caliente.

—Dios se lo pagará á V., caballero... la Virgen se lo pagará... Creí que iba á morirme en ese sitio.

—Nada de morirse... no hable V. de eso ya.... Vamos adelante... ¿qué es eso; tropieza V.?

—Sí, señor; creo que he dado contra la columna de un farol... ¡Como soy ciego!

—¿Es V. ciego?—preguntó vivamente el desconocido.

—Sí, señor.

—¿Desde cuándo?

—Desde que nací.

Juan sintió estremecerse el brazo de su protector; y siguieron caminando en silencio. Al cabo éste se detuvo un instante y le preguntó con voz alterada.

—¿Cómo se llama V.?