—Era lo único que me quedaba en el mundo; cúmplase la voluntad de Dios.
El sacerdote pronunció en voz baja algunas oraciones.
Me volví hacia la puerta y ví á la madre María que, no sé cómo, se había introducido hasta allí.
—Mi hija es feliz,—murmuró;—me ha dicho que Fernando y ella se han desposado ya; sabía que esto no sucedería hasta que él viniese al cuarto donde Teresa estuvo enferma, á la casa donde murió. Diez años he aguardado; ¡alabado sea el Señor, que al fin me ha concedido esta ventura!
LAS NOCHES LARGAS DE CÓRDOBA
(After many delays Mr. Frutos, a rich peasant-farmer, makes the journey of ten or twelve leagues, and comes to Cordova to visit Mr. Lopera and see the wonders of the ancient city.)
...EL señor Frutos llegó una tarde á Córdoba. Dejó el mulo en una posada, y de seguida se presentó en casa de su amigo. Como estaba tan gordo y el calor primaveral apretaba de firme, llegó colorado como un tomate y todo bañado en sudor y dando cada resoplido como un toro. Apenas se hubo sentado, ó desplomado sobre una silla, desenvainó una especie de colcha que le servía de pañuelo, se enjugó el cuello y la cara, y á renglón seguido, por no perder la costumbre, disparó un diluvio de necias preguntas á su amigo y huésped el benemérito Lopera. Respondió éste como mejor pudo y supo, y poco después de obscurecido, le llevó al comedor, donde sobre amplia mesa estaban tendidos los blancos manteles cubiertos de fina vajilla y apetitosos manjares. Pero el señor Frutos había comido por el camino, y ninguna gana tenía de cenar; en cambio, bebía como una esponja,... con lo que tornaba el sudor y volvía á relucir el descomunal pañuelo. Lopera le decía:
—Amigo Frutos,... déjese de beber, y tome alguna tajada, que esas carnes y esa corpulencia requieren cosa de más substancia y alimento.
—Con mucho gusto probaría de cualquiera de estos platos: huelen muy bien todos ellos; pero con el cansancio no tengo hambre, sino sed, y sed insaciable. Mañana ya verá V. si como con apetito.
—Es que de aquí á mañana el plazo no es tan breve como V. se lo figura, y podría entre tanto sentir debilidad, y no quiero que haya V. venido á honrar mi casa para en ella padecer hambre. ¿No ha oído V. hablar de las noches largas de Córdoba, amigo Frutos?