Para ir á Arcos se deja á la izquierda el muerto castillo, en cuyo recinto se mueven, como en un esqueleto hormigas, los trabajadores, con los aperos de un pacífico cortijo. Tomando la vuelta de este primer escalón de la sierra, se atraviesan otros llanos, cubiertos, en cuanto alcanza la vista, de ricas mieses....
Al elevarse el terreno, se cubre de olivares, como si quisiera abrazar á la anciana y blanca Arcos, que conserva con orgullo su título de ciudad, sus caducos privilegios y sus rancios pergaminos....
Arcos se presenta y se retira alternativamente á los ojos del viajero, cansado de su ascensión...; hasta que, pasando entre dos altas peñas, se entra de repente en el pueblo, cuya situación sorprende y admira aún á los menos sensibles á las bellezas de la naturaleza y á los encantos de lo pintoresco.
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(The scene is at Arcos [Andalusia] in the home of a humble workman.)
El tío Cohete era un pobre hombre, muy honrado, muy bueno y muy sencillo, que se hacía el gracioso, con el fin de sacar alguna limosna para las monjas, de que era demandante; remedaba á la perfección el canto de todos los pájaros, el ladrido del perro, el maullido del gato, y sobresalía en imitar el silbido y chasquido del cohete, lo que le había valido el sobrenombre por el que era conocido. Sabía además una porción de versecillos, romances y acertijos....
Habiendo sido instado el tío Cohete á que dijese algunas de sus gracias, éste empezó por recitar los mandamientos del pobre y del rico.... Y dijo así:
—Los mandamientos del rico de hoy día son cinco, á saber:
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El primero, Tener mucho dinero. El segundo, Hacer burla de todo el mundo. El tercero, Comer buena vaca y buen carnero. El cuarto, Comer carne en Viernes Santo. El quinto, Beber vino blanco y vino tinto. |
Estos mandamientos se encierran en dos: Todo para mí, y nada para vos.