[20] Véase página 398 en el número de noviembre de 1918 de esta Revista.
[21] A esta clase de generalización, que se suele llamar inducción aristotélica, conviniendo todo el mundo en que no es inducción, pertenecen las que Stuart Mill califica de generalizaciones no dependientes de causalidad; pero tal vez sin advertir su naturaleza no inductiva.
[22] Véase en Wundt. Logik en el tomo primero la interesante exposición que hace de la evolución del concepto de Causalidad.
[23] Véase la exposición de esta cuestión en el Traité de Logique Générale et de Logique Formelle, de Revouvier, T. II, Cap. XXXVIII. Letra D. Du principe du calcul des probabilités. Véase también la definición del azar en el libro de Poincaré, Calcul des Probabilités.
Sr. D. Nicolás Besio Moreno.—Mi querido amigo:
Estoy más asombrado que usted, si cabe, del desatino aparecido en mi artículo “La moral de Ulises”. La explicación, sin embargo, es sencilla. Obligado a abreviar el texto para que cupiese en las 24 paginitas de la colección “América” que lo editó, le hice varios cortes, en pruebas de imprenta que no volvieron a mis manos.
Cayó en los cortes un largo párrafo relativo a Ulises en Dante; y para restablecer la continuidad del texto, donde decía “No en vano, releyendo esa parte del poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos al divino Ulises, arquetipo clásico de todos los simuladores. Y habría sorprendido la ausencia...”, tuve el poco tino de corregir: “En vano, etc.,... Y sorprende la ausencia”. Esta modificación, sugerida por mi propio corte al texto, resultó disparatada con relación al texto del poema (cuyo Infierno aprendí de memoria en la niñez y del que aun puedo recitar cantos enteros).
Con las mismas pruebas de imprenta, ya corregidas (!) por mí, se compuso el texto publicado en la Revista de Filosofía, que acaso yo no habría vuelto a leer, ni habría rectificado nunca, sin la oportuna advertencia de usted, que muy sentidamente le agradezco.
Como no tengo pequeña vanidad literaria, ni me avergüenzo de esta gaffe—que no es la primera ni será la última en mi obra escrita—le ruego me autorice a publicar su interesante carta en el próximo número de la Revista.