Algunas ideas de Mi Credo están desenvueltas en un escrito póstumo de Ameghino: El Origen de la Vida[40]; son breves notas sobre el origen de los seres, la primera aparición de la vida, la generación espontánea en el origen de la misma, su improbabilidad actual, las condiciones necesarias para el desarrollo de la vida, etc. Carecen de originalidad, desarrollando las ideas más corrientes entre los partidarios de la teoría físico-química.

Fácil es advertir que Ameghino, en el Credo que hemos sintetizado con fidelidad, da por planteados y resueltos los problemas filosóficos de “origen” y de “genealogía”. Sobre el origen del cosmos, de la vida y del pensamiento, adhiere estrictamente al naturalismo filosófico; pertenece a la corriente de pensadores que en el siglo pasado contó con grandes nombres, desde Darwin hasta Ostwald, convergiendo a una concepción del mundo fundada en las ciencias naturales. Justo es advertir, sin embargo, que sus ideas se limitaron a generalizaciones poco definidas, no alcanzando la forma del monismo energético, que ha sido la expresión más sistemática de esa tendencia.

En cuanto al problema “gnoseológico”, piedra de toque para clasificar a un filósofo, Ameghino admite, de hecho, que la experiencia es el fundamento de todo conocimiento, iniciándose como observación empírica, coordinándose como ciencia y proyectándose en lo desconocido como hipótesis fundada en la experiencia. Nunca trató en particular este problema de lógica, ajeno a sus dominios científicos; pero siempre que a él se refirió incidentalmente, su obsecuencia al método científico fué absoluta y se esforzó por practicarlo, en cuanto ello le fué posible.

Su posición moral fué netamente optimista. Se dejó llevar por la imaginación en sus previsiones relativas a la futura longevidad humana, que llamó “inmortalidad” en términos metafóricos, más propios de la poesía que de la ciencia.

Rindió culto a la Verdad con derechez ejemplar y virtud pocas veces igualada. Y, sin salir de la Naturaleza, imaginó un Dios nacido de la Naturaleza misma: el Hombre perfeccionado de la humanidad futura.


ÍNDICE DEL VOLUMEN IX

Págs.
Agote, Luis—El Helenismo de Alejandría28
Blanco, Julio Enrique—Sobre el origen y desarrollo de las ideas teleológicas en Kant223
Besio Moreno, Nicolás—Ulises en el infierno dantesco[437]
Bianchi, Alfredo A.—La huelga sangrienta304
Bustos, Zenón—La Revolución Social que nos amenaza136
Culturales, Asociaciones—La huelga sangrienta318
Donoso, Armando—La conversión de Brunetiére206
Ferreyra, J. Alfredo—Emile Corra y los ejércitos invisibles239
» »—Acotaciones a Montaigne[358]
González, Joaquín V.—La Paz Internacional y el Derecho de las Naciones279
Giusti, Roberto F.—La huelga sangrienta304
Guardia, Ernesto de la—La unidad en la estética253
Ingenieros, José—Psicología de los celos83
» »—La significación histórica del movimiento maximalista146
» »—La moral de Ulises264
» »—La huelga sangrienta315
» »—Las ideas filosóficas de Ameghino[462]
Kantor, Moisés—El problema social y la revolución rusa114
Korn, Alejandro—La Reforma Universitaria1
Laub, J.—¿Qué son espacio y tiempo?[386]
Lobos, Eleodoro—La Reforma Universitaria16
Lugones, Leopoldo—La huelga sangrienta311
Maupas, Leopoldo—La lógica formal56
» »—Lógica inductiva[406]
Méndez, Julio—La Reforma Universitaria24
Méndez Pereyra, Octavio—La crítica y el arte[457]
Mercante, Víctor—Marcos Sastre y “El Tempe Argentino”46
Peña, David—Alberdi, Sarmiento y Mitre161
» »—Alberti, Sarmiento y Mitre[332]
Reyes, César—Democracia individualista[442]
Rivarola, Rodolfo—Discurso de apertura de la Universidad de La Plata[321]
Senet, Rodolfo—Origen de los sentimientos morales187
» »—Los sentimientos morales, estéticos y religiosos[367]
Zeballos, Estanislao S.—La Reforma Universitaria6