Y como los fematers no pagan contribución directa, nadie se enteró de que en el gremio había una baja.
En la puerta del cielo
CUENTO DE LA HUERTA
(Traducido del valenciano)
Sentado en el umbral de la puerta de la taberna, el tío Beseròles, de Alboraya, trazaba con su hoz rayas en el suelo, mirando de reojo a la gente de Valencia que en derredor de la mesilla de hojalata empinaba el porrón y metía mano al plato de morcillas en aceite.
Todos los días abandonaba su casa con el propósito de trabajar en el campo, pero siempre hacía el demonio que encontrase algún amigo en la taberna del Ratat, y vaso va, copa viene, lanzaban las campanas el toque de mediodía si era de mañana o cerraba la noche, sin que él hubiese salido del pueblo.
Allí estaba en cuclillas, con la confianza de un parroquiano antiguo, buscando entablar conversación con los forasteros y esperando que le convidasen a un trago, con las demás atenciones que se usan entre personas finas.
Aparte de que le gustaba menos el trabajo que la visita a la taberna, el viejo era un hombre de mérito. ¡Lo que sabía aquel hombre, Señor!... ¿Y cuentos?... Por algo le llamaban Beseròles[1]; porque no caía en sus manos un trozo de periódico que no lo leyera de principio a fin, cantando las palabras letra por letra.
[1] Abecedario en valenciano.