Callaba Pepita, sin hacer el menor signo de aprobación ó protesta ante los palabras del jesuíta, y éste se detuvo, creyendo haber avanzado demasiado. Por aquel día bien estaba con lo dicho.
—No creas que tengo un interés especial en que sea Urquiola quien haga feliz tu vida. Tal vez tu mamá lo defienda con más tenacidad que yo, pues de su sangre es y conoce sus méritos. Por mí, si no es ese, que sea otro. De sobra los hay en la juventud brillante, esperanza de la patria y de la religión, que sale de Deusto. Lo que yo quiero es que escojas como todas las doncellas católicas y decentes, sin disgustar á tus papás y desobedecer á tu director. Tú eres de una familia cristiana y debes seguir sus costumbres. Mírate en el espejo de tus padres: se unieron con el consentimiento de sus familias, sin violencias ni disgustos y la fortuna les sonríe, y son felices, y tienen para su vejez un consuelo tan hermoso como tú, que eres buena y no querrás amargar los últimos años de su vida.
Y el confesor hablaba gravemente, sin el más leve mohín, de la felicidad conyugal de los Sánchez Morueta.
—Basta por hoy. He dicho á tu madre que vengáis por aquí con más frecuencia. Ya iremos hablando de lo que te conviene, pues tiempo tenemos de sobra. Esa almita anda algo loca y hay que tener mucho cuidado con ella. ¿Quedamos en que me enviarás esas cartas, para que nunca puedas volver á leerlas, cayendo de nuevo en el pecado?
—Sí, Padre.
—¿Escribirás hoy mismo á ese señor dando por terminadas para siempre las locuras?
—Sí, Padre.
—Muy bien: vamos á la absolución.
Y musitando sus latines, el Padre Paulí bendijo á la joven al través de la rejilla: después sacó la mano por el frente del confesonario para que se la besase. Mientras abría el ventanillo opuesto preparando una sonrisa como saludo á la nueva penitenta, Pepita fué á arrodillarse al lado de su madre.
Comulgaron tras una breve espera, después de rezar su penitencia y salieron del templo, saludando con inclinaciones de cabeza á las amigas que aún estaban arrodilladas ante los confesonarios.