—Gracias, amigo mío—dijo Golbasto—. Jamás olvidaré lo que hace usted por mí en este día…. Los gobiernos se suceden y caen en el olvido, mientras que nuestra amistad llenará capítulos enteros de la historia futura.

Luego el poeta se empequeñeció voluntariamente, hasta ocuparse de la existencia doméstica de su amigo.

—¿Y Popito?—preguntó.

Momaren hizo un gesto de contrariedad y de tristeza.

—Se ha negado á asistir á nuestra fiesta. Prefiere pasar la tarde en sus habitaciones de estudiante. Tiene allí una terraza, donde cultiva flores, cuida pájaros y se entretiene con otras cosas fútiles, indignas de su sexo.

—¡Qué juventud la que viene detrás de nosotros!—exclamó tristemente
Golbasto.

Momaren hizo un gesto igual de melancolía.

—Si no lo hubiese llevado en mis entrañas—murmuró—dudaría que fuese mi hijo.

Después el gran poeta tuvo que separarse de Momaren para atender á sus admiradores. Todos protestaban del hecho escandaloso que se estaba realizando en aquellos momentos sobre las gradas del templo de los rayos negros.

—¡Ya no hay categorías, ni respeto … ni vergüenza! El primer jovenzuelo se cree un genio. ¡Qué escándalo!