Daban gemidos como si hubiesen sufrido graves lesiones interiores, pero el susto era en ellos tal vez más grande que las heridas.
Gillespie, que había tomado estos dos animalejos entre sus dedos, los subió á su rostro, colocándoselos entre ambos ojos. Pero la obscuridad no le permitió reconocerlos. Únicamente pudo ver que eran mujeres.
Uno de estos pigmeos debía ser el que había seguido los latidos de su corazón para marcar á los asesinos el emplazamiento más favorable para el golpe.
Pensó si serían Golbasto y Momaren, vanidosos personajes implacables en su venganza y directores de su asesinato, como creía Ra-Ra. Lamentaba que las máquinas aéreas no le enviasen un rayo de luz para poder reconocerlos.
Su primer impulso fué oprimirlos entre sus dedos, aplastándolos como insectos dañinos. Pero le faltó la voluntad para darles este género de muerte….
Como deseaba al mismo tiempo desembarazarse de ellos, se dirigió á la orilla del mar y, echando atrás su brazo para que el impulso fuese más grande, los arrojó en el vacío.
Lo mismo que dos piedras atravesaron la obscuridad, perdiéndose sus lamentos en el sonoro chapoteo de su caída.
XIV
Lo que hizo el Gentleman-Montaña para que Popito no llorase más
Al día siguiente los periódicos lanzaron en sus ediciones de la tarde la noticia de un suceso que interesó mucho al público.