Al ver á Flimnap sonrió protectoramente.
—Los altos señores del gobierno—dijo—están muy satisfechos de su discreción y su cordura. Acaban de perdonarle la vida al gigante, y quieren que sea usted el encargado de todo lo referente á su enseñanza y su alimentación.
El profesor hizo una reverencia para manifestar su gratitud, y creyó necesario añadir:
—Lo que yo siento es que este nuevo empleo me impedirá por algunos meses trabajar en la obra de justicia histórica femenina que emprendimos bajo la gloriosa dirección de nuestro Padre de los Maestros. Tengo á punto de terminar el volumen cincuenta y cuatro.
Pero el Padre de los Maestros sonrió modestamente al oir mencionar la empresa más gloriosa de su existencia, y dijo á Flimnap:
—Tiempo le quedará, profesor, para dedicarse á ese trabajo patriótico.
Por el momento, creo conveniente que explique á su Gentleman-Montaña lo
que fué la Verdadera Revolución y todo lo que ha venido después de ella.
Esta lección de Historia resultará útil.
V
La lección de Historia del profesor Flimnap
Gillespie, que había puesto en duda la civilización avanzada de estos pigmeos, tuvo que reconocer que sabían hacer las cosas aprisa y bien.
Al aparecer el segundo sol después de su entrada en aquella Galería recuerdo de una feria universal, todo lo más primario de su instalación estaba ya hecho. Una tropa de carpinteros manejó incesantemente sus martillos, subiendo y bajando por escalas y cuerdas con agilidad simiesca.