VIII

En el que el Padre de los Maestros visita al Hombre-Montaña

Cuando el profesor Flimnap regresó de su viaje á la antigua capital de Blefuscú, fué sin pérdida de tiempo á visitar al gigante para darle excusas por su ausencia.

Vivía en perpetuo asombro á causa de la enorme gloria que había caído sobre él, con acompañamiento de ganancias no presentidas ni aun en sus momentos de mayor ilusión. De todas las grandes ciudades le llegaban proposiciones para que fuese á relatar ante auditorios de muchos miles de personas sus pláticas con el Hombre-Montaña y lo que había podido averiguar acerca de las costumbres del remoto país de los gigantes.

Los libreros, que nunca habían querido vender sus pesados volúmenes sobre problemas filológicos é históricos, le pedían ahora que los enviase en grandes fardos, aprovechando la primera máquina voladora que saliese para el lugar de su establecimiento.

Hasta los más grandes diarios, siempre ignorantes de la existencia de Flimnap, pues se abstenían sistemáticamente de publicar su nombre, le solicitaban ahora como colaborador, dejando á su arbitrio el fijar la retribución por sus escritos.

—Todo esto lo debo á usted, gentleman—decía con entusiasmo, mirándole á través de su lente—.¡Si hubiese visto anoche con qué interés escucharon la descripción que hice de su persona más de veinte mil mujeres!…

Y para que olvidase su abandono del día anterior iba describiéndole el aspecto del enorme público y las salvas de aplausos con que fueron acogidos sus períodos más elocuentes.

—Gracias á usted—continuaba—soy célebre y tal vez sea rico. ¡Quién sabe si usted se enriquecerá también, como nunca lo hubiese conseguido allá en su país!

El buen profesor sentía despierta ahora su ambición, viéndolo todo con proporciones exageradas. Una mujer de negocios de la capital le había hablado aquella mañana de una empresa de ganancias fabulosas. Si el Consejo Ejecutivo dejaba en libertad por algunos meses al Hombre-Montaña, ésta y el profesor podían realizar una excursión por toda la República dando conferencias. Flimnap haría un relato de cuanto supiera sobre el pasado y las costumbres de su gigantesco amigo, y éste se mantendría á su lado para contestar con reverencias á las aclamaciones de la muchedumbre. La financiera prometía una verdadera fortuna para los dos como resultado del viaje.