Muchas veces el poeta aún está en la agonía y sus alas baten el polvo con los últimos temblores. No importa. Su cuerpo se ennegrece cubierto por el tropel de enemigos. Lo despedazan en vida, tiran de sus miembros, lo descuartizan con un sabio método de caníbales científicos.

Y esta es, amigo mío, no la fábula, sino la verdadera historia de La cigarra y la hormiga.

—¡Lo mismo que entre los hombres!—exclamo yo.

—Lo mismo que entre los hombres—repite el naturalista.