—¡Mi querida Mina! ¡Qué casualidad encontrarnos!... Vengo de Nueva York, para embarcarme en San Francisco. Voy al Congo....

Y ruborizándose por este absurdo rodeo geográfico, se apresuró á añadir:

—Quiero cazar donde no cazó el coronel Roosevelt. Voy á correr los países que él no visitó nunca.

Un secreto instinto le avisaba, sin duda, el peligro, y venciendo esta vez la cortedad de su carácter, manifestó sus deseos. Mina Craven y James Foster (hijo) podían hacer una linda pareja. ¿Por qué no se casaban?...

El gesto de lástima simpática que puso ella fué para acobardar al más valeroso cazador.

—Yo sólo me casaré con un hombre célebre.

Foster quiso protestar. Él no tenía la celebridad de un boxeador ó de un cantante de ópera; pero era alguien. Los periódicos hablaban de él.

—Yo sólo me casaré con un héroe—añadió Mina.

James creyó necesario insistir en sus méritos. Hizo memoria de los regalos enviados á Mina, especialmente de dos pieles de oso, enormes, con unas cabezas que metían espanto. Él, completamente solo, los había matado en Alaska.

—¡Unos osos!—dijo ella, levantando los hombros—. Eso lo mata cualquiera.... ¿Cuántos tigres ha cazado usted, James?...