Y los perros vagabundos uníanse al himno infantil extravagante en honor á Diana, enviándola sus más fieros ladridos.

El Retor seguía hablando de su barca. Nada faltaba para el día 15; hasta el cura estaba apalabrado para ir á media tarde á echarla la bendición. Pero algo faltaba, ¡futro!... ¡y no haberlo pensado! Faltaba el nombre. ¿Cómo iba á llamarse la barca?

Tan inesperado problema conmovió el corro, y hasta Tonet dejó en el suelo la guitarra, quedando en actitud pensativa.

Ya tenía él el nombre. Sus aficiones belicosas, sus recuerdos de marino del Rey se lo habían sugerido. Se llamaría Escupehierro. ¡Eh! ¿qué tal?

Por el Retor no había inconveniente. El pacífico panzudo gallardeábase con fiereza al pensar que su barca iba á llamarse Escupehierro, y la veía ya surcando en el mar con la arrogancia enfática de un falucho portugués.

Pero las mujeres protestaban. ¡Vaya un nombre! ¡Cómo se reirían en el Cabañal! ¿Y qué hierro iba á escupir una barca pescadora? Lo mejor era la proposición de la siñá Tona: que se llamase Ligera, como la otra en que pereció el tío Pascualo y había servido de refugio á toda la familia.

Protesta general. Un título así forzosamente había de tener mala sombra. La suerte de la otra lo demostraba.

El de Dolores era mejor: La rosa del mar... ¡Qué bonito! ¡Qué gusto tenía para todo su mujer! Pero el Retor recordaba que había otra con el mismo título. ¡Era lástima!...

Y Roseta, que había callado, haciendo un mohín de disgusto á cada título, soltó el suyo. Debía llamarse Flor de Mayo. Aquella misma noche lo pensaba ella en la barcaza de la playa, mirando una estampa de las que adornaban las libras de tabaco «Flor de Mayo» que venían de Gibraltar. La seducía el título tan bonito, formando una aureola de colores sobre la marca, que era una señorita vestida como una bailarina, con rosas como tomates sobre la faldilla blanca, y en la mano un manojo de flores que parecían rábanos.

El Retor se entusiasmaba. Sí; ¡recristo! aquello estaba puesto en razón. La barca se llamaría Flor de Mayo, como el tabaco que fabrican en Gibraltar. Era de justicia; la barca se hacía principalmente con el dinero del alijo, y éste se componía en su mayor parte de aquellos paquetes con la alegre señorita. Tenía razón su hermana; Flor de Mayo, nada más que Flor de Mayo.