—Di, niña, ¿qué te ha parecido ese joven?

—¿Quién?—preguntó azorada la muchacha, que aún no había salido de la sorpresa producida por tan repentina pregunta.

—¿Quién ha de ser, tonta? Paco Ordóñez, ese muchacho que nos ha presentado el marqués.

María tardó en responder, y, por fin, dijo con indiferencia:

—Pues me ha parecido un hombre insignificante.

Y reclinándose otra vez en el fondo del coche, cerró los ojos y volvió a entregarse de lleno a sus pensamientos, que le arrastraban lejos, muy lejos, a la infinita cinta de hierro por donde, rugiendo y exhalando bufidos de fuego, volaba el tren que le arrebataba a su novio.

VIII

Trato cerrado.

El hermano que desempeñaba junto al padre Tomás el cargo de doméstico de confianza dijo al elegante joven que esperaba en la antecámara:

—Señor Ordóñez; el revendo padre dice que ya puede usted pasar.