Iba poco a poco disminuyendo la masa negra que obstruía el puente.

Alejábanse las cuadrillas, marcando su obscura silueta sobre el blanco del camino. Se destacaban un instante en lo alto del cerro, empequeñecidas por la distancia, y desaparecían.

El Mosco se aproximó a la venta:

—Cuando queráis...

Llevaba en un saquito, colgando del cuello, su tesoro, la bicha, que se apelotonaba en la cárcel de lienzo buscando el calor de su pecho. Junto a él estaba el ayudante, el que completaba su cuadrilla, un mozo pequeño y vivaracho, de simiesca agilidad, apodado Chispas, que no pensaba, como los otros, en el trabajo de los tejares, sino que, admirando a su maestro, deseaba continuar la caza todo el año.

Chispas llevaba al hombro la pesada aguja para demoler las madrigueras y abrir paso al hurón cuando éste se trasconejaba, no pudiendo ganar la boca de salida. Además, metidos en la faja, guardaba los capillos, las redes que se tendían a la salida de las madrigueras para apresar a los conejos.

Emprendieron la marcha por el mismo camino que los otros dañadores. El Mosco marchaba al frente, precedido de dos de sus perros, y Chispas cerraba la expedición.

—Podéis hablar; podéis fumar. Estamos aún en terreno seguro. Yo os diré cuando haya que ir con más ojos que un lince.

Los dos neófitos marchaban tras los ligeros pasos del Mosco, el cual no cesaba de hablar. Había permanecido en la venta lejos de ellos, para que nadie sospechase que le acompañaban en su expedición. Temía que alguien se chivase y fuese con el soplo. Por e, nada; bien sabían los guardas que cazaba todas las noches, así se viniera abajo el cielo. Cuanto peor fuese la noche, más favorable para él. Pero al verle con la impedimenta de unos amigos, sin libertad para huir, podían aprovechar la ocasión y darle caza. Porque él no era capaz de escapar; yendo con personas que desconocían el terreno, antes se dejaría hacer pedazos que cometer tal indecencia.

—Es un disparate—continuó—ir a esta faena con gente floja como vosotros. Pero lo de esta noche no es caza seria: es un bicheo. Iremos cerca; asunto de registrar unas cuantas bocas, para que os enteréis de lo que es esto... ¡Qué contentos van a ponerse esta noche los gameños y los venados al ver que el Mosco no quiere nada con ellos!...