—¡Si yo sé que no lo puede sufrir!—dijo el italiano—. Me consta…
Pero como es el jefe de los trabajos y ayuda en ciertas ocasiones á
Robledo y á su marido, no se atreve á decir lo que piensa de él.
Luego su alegría se nubló, según le fué contando el oficinista el encuentro con Manos Duras y la confianza del gaucho al hablar á la señora marquesa.
Esto último fué lo que indignó más al contratista.
—Aquí todos nos creemos iguales, porque vivimos juntos en el desierto—dijo, escandalizado—. Cualquier día, ese gaucho cuatrero pretenderá ir por la noche á las reuniones de la marquesa, lo mismo que uno de nosotros… ¡Cosa bárbara!
—El capitán—añadió Moreno—quiere que no se le compre más carne á Manos Duras ni se acepte ningún negocio propuesto por él, eso usted puede hacerlo mejor que Canterac.
Pirovani contestó con vehementes signos de asentimiento
—Así se hará; dice muy bien ese hombre. Es la primera vez, en mucho tiempo, que estoy de acuerdo con él.
* * * * *
#X#
Pocos meses después de haber empezado los trabajos en el campamento de la Presa, los habitantes de las diversas colonias establecidas á orillas del río Negro hablaron con admiración del nuevo boliche del Gallego, apreciándolo como el establecimiento más hermoso de la comarca. El dueño había embellecido su interior con una novedad tan instructiva como interesante.