Piola sonrió con una alegría repugnante al oir mencionar este convenio.

—Bueno; te la guardaremos—dijo—. Tu serás el primero… sí es que vuelves á juntarte con nosotros no más lejos que mañana. Si tardas no la encontrarás entera… Pero ¿por qué no emprendes viaje ahora con nosotros? ¿Qué tienes que hacer en la Presa esta noche, que nos abandonas?

—Un cobro—contestó Manos Darás, con petulancia—. Quiero dejar mis cuentas bien arregladas antes de irme.

Como el otro no podía explicarse el optimismo de su compañero, empezó á hacer cálculos. Tal vez á aquellas horas ya se sabía en el pueblo lo ocurrido en la estancia de Rojas. Y si aún lo ignoraban, lo sabrían antes de que transcurriese mucho tiempo, ó sea tan pronto como volviese don Carlos á su casa después del inútil viaje á la Presa. ¿No temía Manos Duras que el comisario y las demás gentes del pueblo le atribuyesen el rapto de la muchacha?

—Puede que sea así—contestó el gaucho—, ¡pero me han supuesto tantas cosas, sin llegar á probarme ninguna!… Si me ven en el pueblo, acabarán por creer que no he tenido parte en este negocio. Ninguno de la estancia me ha visto. Además, me iré primeramente á mi rancho, por si alguien se allega por allá, y sólo á la tardecita entraré en la Presa, como otras veces… Creo que á media noche habré terminado mi negocio y podré salir para alcanzaros.

Guiñó un ojo Piola, señalando al mismo tiempo con su diestra el rancho inmediato.

—¿Qué dice ella?

—Cree que nos la hemos llevado para pedirle dinero al viejo. No adivina lo que le aguarda… Es una muchacha «guapa», y no parece tener mucho miedo ahora que se le ha pasado el primer susto. ¡Pucha, lo que me dió que hacer cuando la traía en mi flete!… La tengo ahí dentro con las manos atadas, pues de no estar así se defiende y habrá que pegarla como á un hombre.

Manos Duras quedó pensativo, añadiendo luego con una sonrisa cínica:

—No he querido quedarme ahí dentro, porque vos comprenderás, hermano, que es muy expuesto estar á solas con una buena moza así… Te diré que hay otra que me gusta más, y espero verla muy pronto. Pero ésta también es de aprecio, y si uno está solo con ella, sopla el diablo, se empiezan á hacer cosas por entretenerse no más, pierde uno la razón, y no sabe cuándo y cómo terminará. Ahora estamos en tierra enemiga, y no hay que olvidarse de ello ni perder el tiempo… La fiesta me la reservo para mañana. Hoy tengo otras cosas que hacer para que mi juego resulte completo… En cuanto vuelvan los compañeros nos decimos adiós. Vosotros seguís viaje con la vaquillona, yo me vuelvo á mi rancho, y hasta mañana si Dios quiere.