A un lado de Weltevreden se ha ido formando durante el siglo XIX la tercera ciudad, ó sea Micer Cornelius. Dicho personaje fué un holandés que se defendió heroicamente cuando los ingleses desembarcaron en Java, ocupando la isla. Esto ocurrió en la época de Napoleón. Como el emperador francés se anexionó á Holanda, acabando por dar la corona de este país á uno de sus hermanos, el gobernador inglés Raffles, fundador de Singapore, organizó una expedición desde dicha colonia, apoderándose de todas las Indias holandesas, y Java no fué devuelta á sus antiguos poseedores hasta 1816.
Micer Cornelius fué al principio una barriada indígena á la que acudían los javaneses en días de fiesta para sus diversiones un poco libres. Las principales viviendas estaban dedicadas á industrias vergonzosas. Este suburbio es hoy una ciudad-jardín como Weltevreden, urbanizada por las gentes de la clase media que desean crearse un hogar propio.
Puede afirmarse que lo más extraordinario en Java es el aspecto de las muchedumbres y su belleza corporal. La vegetación maravillosa de esta isla puede encontrarse igualmente en las inmediaciones de Singapore ó en Ceilán. Pero los habitantes de dichos lugares no son comparables á los javaneses por el color de su epidermis ni por la infinita variedad de sus vestiduras.
Ya dije en otro lugar cómo es la tez metálica de los javaneses y especialmente de sus mujeres. Resulta exacto compararla con el bronce, pero un bronce recién frotado, limpio, que brilla como el oro. Parece que la piel de estas gentes tenga una luz interior. Sus cuerpos, lo mismo en hombres que en mujeres, son de una esbeltez que deja al viajero, algunas veces, absorto por la admiración.
El lector debe estar enterado de que Java es el país del batik. Aquí se fabrica esta tela, pintada con toda clase de colores y puesta en uso por la moda hace poco tiempo, que las fábricas europeas falsifican a causa de su alto precio. Hasta los mendigos van en Java vestidos de batik.
En realidad el traje nacional consiste en una pieza de dicho tejido, el sarog, que hombres y mujeres llevan arrollada sobre sus piernas, como una falda de corto paso. Los varones añaden una camisa y las mujeres también, pero tan corta la de éstas, que deja al descubierto una gran faja de carne desnuda entre su borde y el sarog. Muchas hembras prescinden en el campo ó dentro de sus casas de esta breve camiseta, y van desnudas de cintura arriba, mostrando unas abundancias mamilares que también parecen ser algo especial de esta isla paradisíaca.
Los pechos de las javanesas se sostienen macizos y erguidos hasta después de las majestuosas amplificaciones que trae la maternidad. Avanzan rigurosamente horizontales, no obstante su volumen, y algunas veces, tal es su dura soberbia, que, abandonando la línea recta, elevan hacia el rostro de su portadora los dos agudos botones de sus vértices.
Están pintadas las faldas de batik con los colores innúmeros de una primavera fantástica, y á estas flores inverosímiles, que muchas veces son de oro, se agregan tigres de perfil heráldico, reptiles vomitando fuego, leones de melena verde. Una muchedumbre javanesa recuerda á los pueblos de la Edad Media, vestidos con ropas blasonadas y de violentos colores. Los chinos, siempre trajeados de azul, resultan humildes y obscuros al lado de los naturales de la isla.
Empieza aquí el uso del turbante, tocado que seguiremos encontrando en los otros pueblos de Asia. Creo oportuno advertir que el pueblo de Java es por entero musulmán. Este país lo catequizaron los bracmanes indostánicos en remotos siglos; luego fué budista, y aún quedan de tal época maravillosa ruinas de templos en su interior. Pero mucho antes que los portugueses, llegaron á Java los malayos y otros pueblos que habían recibido de los marinos árabes el mahometismo, y todos los habitantes de la isla profesan actualmente dicha religión.
Es un mahometismo especial, suave y dulce. En Java sólo pueden ser así las cosas. Los santones no tienen la influencia que en otros países musulmanes; se ven pocas mezquitas y todas ellas son pobres. Las mujeres javanesas gozan de absoluta libertad y no se limitan á ir con la cara destapada á todas partes. Fácilmente se desnudan de cabeza a pies, con una sencillez paradisíaca. Los hombres toman toda clase de bebidas alcohólicas, si se las ofrecen gratuitamente.