Asintió Miguel. Indudablemente, era por Valeria. Viviendo en Mónaco se consideraba más libre para sus entrevistas con aquella muchacha.

—¡Ay, las mujeres!—exclamó el príncipe—. ¡Qué poder tienen sobre nosotros!

—¡Y cómo perturban las relaciones entre los hombres!

La voz de Toledo al decir esto era tan desolada como fué la del príncipe al enumerar á sus amigos las ventajas de vivir alejados de la mujer. En cambio, Miguel aceptaba ahora la dominación femenil, y casi envidió á este sabio porque volvía á su antigua modestia para encontrar con más frecuencia á Valeria.

El era menos dichoso. Transcurrían los días sin que consiguiese repetir su paseo con Alicia por los jardines de Mónaco.

—Te amo—decía ella—. Puedes creer que no olvido aquella tarde... Más adelante haremos la misma excursión. Ahora no; sé cuál sería el final. Me es imposible... Pienso en mi hijo.

No dudaba Miguel de esto último; pero algo más que la inquietud por el ausente ocupaba el pensamiento de ella. Volvía á entregarse al juego con las cantidades encontradas en su casa. Hasta sospechó el príncipe si habría vendido ó empeñado el alfiler con que reparó el desgarrón de su vestido. Después de regalarle la perla de la princesa Lubimoff, no la había visto más. Alicia parecía insensible á los primeros esplendores de la primavera.

—Un día iremos—dijo, al recordarle él los jardines de San Martino—. Te lo prometo. Pero necesito verme libre de preocupaciones; haberlo perdido todo ó ganado todo. Debo aprovechar el tiempo... Ya ves; ahora la fortuna parece que vuelve á acordarse de mí.

Ganaba poco, pero ganaba; y esto le hacía esperar la repetición de aquella racha de buena suerte que había conmovido al Casino.

Por las noches se retiraba contenta. Tenía tres mil ó cuatro mil francos más; pero ¿qué era esto?... Se lamentaba de la escasez de su capital. Quería hacer el gran juego, para recuperar todo lo perdido. Así, poco á poco, no llegaría nunca. ¡Si pudiese reunir otra vez aquellos treinta mil francos, que subían ó bajaban, pero manteniéndose siempre fieles!...