—Tú has jurado que harás por mí todo lo que yo te pida... Tú no querrás perderme para siempre.

Ulises protestó. ¿Perderla?... No podía vivir sin ella.

—Yo conozco tu existencia anterior: me la has contado... Tu nada sabes de mí, y debes conocerme, ya que soy tuya.

El marino movió la cabeza: nada más justo.

—Te he engañado, Ulises... Yo no soy italiana.

Ferragut sonrió. ¡Si sólo consistía en esto el engaño!... Desde el día en que se hablaron por primera vez, yendo á Pestum, había adivinado que lo de su nacionalidad era una mentira.

—Mi madre fué italiana. Te lo juro... Pero mi padre no lo era...

Se detuvo un momento. El marino la escuchó con interés, vuelta la espalda á la mesa.

—Yo soy alemana y...