Esta vivienda evocó en la memoria de Ferragut y de la joven el recuerdo de las casas improvisadas en los desiertos de la América del Sur, y otra vez volvieron á hablar de su viaje oceánico. Ella quiso al fin satisfacer la curiosidad del capitán.
—Mi marido era un profesor, un sabio como la doctora... Estuvimos un año en Patagonia haciendo exploraciones científicas.
Había arrostrado el viaje por un océano de llanuras desiertas que se iba dilatando así como avanzaba la expedición; había dormido en ranchos cuyos techos derramaban insectos sanguinarios; había pasado á caballo por remolinos de tierra que la sacaban de la silla; había sufrido el tormento de la sed y del hambre en un extravío de ruta y pasado las noches á la intemperie, sin otra cama que el poncho y los arreos de la cabalgadura. Así llegaron á explorar los lagos de los Andes, entre Argentina y Chile, que guardan en su intacta soledad el misterio de los primeros tiempos de la creación.
Los vagabundos de estas tierras vírgenes, pastores y bandidos, hablaban de gigantescos animales entrevistos al anochecer en las orillas de los lagos, devorando de un golpe praderas enteras; y el doctor, como otros muchos sabios, había creído en la posibilidad de encontrar un superviviente prehistórico, una bestia de los rebaños monstruosos anteriores al hombre retardada en este paraje inexplorado del planeta.
Vieron esqueletos de docenas de metros de longitud en los desmoronamientos de la Cordillera, agitada frecuentemente por cataclismos volcánicos. Los guías les enseñaron en las inmediaciones de los lagos pieles de reses devoradas, enormes montones de materia seca que parecían excrementos de monstruo. Pero por más que batieron las soledades, no pudieron encontrar ningún descendiente vivo de la fauna prehistórica.
El marino la escuchó distraídamente, pensando en algo que atenaceaba su curiosidad.
—¿Y usted cómo se llama?—dijo de pronto.
Las dos mujeres rieron de esta pregunta, que resultaba cómica por lo inesperada.
—Llámeme Freya. Es un nombre de Wágner. Significa la Tierra y al mismo tiempo la Libertad... ¿Le gusta á usted Wágner?
Y antes de que pudiera contestar, añadió en español, con un acento criollo y entornando los ojos: