Una piedra dio contra una rueda del coche. La pillería vociferaba junto al estribo; pero llegaron dos guardias a caballo y deshicieron la manifestación, escoltando después por todo lo alto de la calle de Alcalá al famoso Juan Gallardo... «el primer hombre del mundo».
X
Acababan las cuadrillas de salir al redondel, cuando sonaron fuertes golpes en la puerta de Caballerizas.
Un empleado de la plaza se acercó a ella gritando con mal humor. No se entraba por allí; debían buscar otra puerta. Pero una voz le contestó desde fuera con insistencia, y abrió.
Entraron un hombre y una mujer: él con sombrero blanco cordobés; ella vestida de negro y con mantilla.
El hombre estrechó la mano del empleado, dejando dentro de ella algo que humanizó su fiero gesto.
—Me conose usté, ¿verdá?...—dijo el recién venido—. ¿De vera que no me conose?... Soy el cuñao de Gallardo, y esta señora es su esposa.
Carmen miraba a todos lados en el abandonado patio. A lo lejos, tras las recias paredes de ladrillo, sonaba la música y se percibía la respiración de la muchedumbre, cortada por gritos de entusiasmo y rumores de curiosidad. Las cuadrillas desfilaban ante el presidente.
—¿Dónde está?—preguntó ansiosa Carmen.