DESCANSO IX.
H
Hallé un agradable albergue en hija y madre; pero mucho más en la hija, porque como habia oido decir á su padre muchos bienes de España y los habitadores de ella, naturaleza la llevaba por este camino. Regalábame más que á los demás esclavos; pero servia con más gusto que ellos, así por lo que habia visto, como porque no iba de mala gana á Argel, por ver un hermano mio que estaba cautivo en él; y fuí venturoso en que antes que preguntase por él supe que habia incitado á otros esclavos para que tomando un barco, despues de haber muerto á sus amos, se arrojasen á la fortuna, ó por mejor decir, á la voluntad de Dios, y no atreviéndose los demás, él puso en ejecucion su intento, y sucedióle tan bien, que vino á España, y despues murió sobre Jatelet, que si supieran ser mi hermano, quizá yo lo pasara mal. Yo serví á mis amos con el mayor gusto y diligencia que podia, y mi servicio les era más grato que el de los otros cautivos, porque hacia de la necesidad virtud: y como al principio les gané la voluntad, con facilidad los conservé despues: tratábalos con mucho respeto y cortesía, martirizando mi voluntad, y forzándola á lo que no era inclinado, que es á servir; que á los hombres naturalmente libres el tiempo y la necesidad les enseña lo que han de hacer. Sufria más de lo que mi condicion me enseñaba, que el rendirse á la fuerza yo creo que es de ánimos valerosos y nobles. Poco valor y menos prudencia tiene el que no sabe obedecer al tiempo. Servir bien quien por fuerza ha de servir, es ganarle la fortuna por la mano; y obedecer mal al superior, es poner en duda el gusto y la vida. Y al fin vive con seguridad quien hace lo que puede sirviendo. Aunque yo me via regalado de mis amos, no por eso dejaba de repartir el favor con los demás cautivos, y ellos conmigo su trabajo; y para sosegar la envidia se han de hacer estas diligencias y otras mayores. Que no hay gente que más se gobierne por ella que esclavos, perseguidores de sus iguales, y solapadores de la honra y hacienda de sus dueños. Pocos he visto de los que han pasado por este miserable estado, que no tengan algun resabio infame.
Junto con el buen tratamiento que se me hacia, eché de ver en mi ama la doncella, que siempre que pasaba por donde pudiese verla hacia cambio en el color del rostro y en el movimiento de las manos, que parecia alguna vez que tocaba tecla. Al principio atribuílo á la mucha honestidad suya; pero con su perseverancia, y con la esperiencia que yo tenia de semejantes accidentes, que no era poca, le conocí la enfermedad. Mandábame un millon de cosas cada dia, que ni á ella tocaba el mandarlas, ni á mí el hacerlas; pero yo confieso que me holgaba en el alma de servirla y de que me mandase muchas más: todas cuantas niñerías venian á mis manos, ó yo hacia, venian á parar en las suyas, diciendo que eran de España; tanto que una vez, parándosele el rostro como una amapola, me dijo, que cuando no hubiera venido de España otra cosa sino quien se las daba, bastaba para ella; y luego echó á correr, y se escondió. Yo con estos favores enternecíame demasiadamente; pero miré el estado en que me via, y que habiendo de buscar la libertad del cuerpo iba perdiendo la del alma, y que el menor daño que me podia suceder era quedarme por yerno en casa, volvia sobre mí, y me reprehendia conmigo á solas; pero cuanto más me contradecia hallaba en mí menos resistencia. Y el remedio de estas pasiones más consiste en dejarlas estar que en escarbarlas, buscando el olvido ó camino para él. Echaba de ver que al tiempo que estas pasiones entran en un hombre le arrebatan de modo que le dejan incapaz para otra cosa. Y aunque me persuadia á que por entretenerme podia llevar aquella dulce carga, la esperiencia me habia enseñado que el amor es rey, que en dándole posesion se alza con la fortaleza; pero hacíame contradiccion en mi propio pensar cómo podia ser desagradecido quien siempre se preció de lo contrario. Aunque para esto se me ponia por delante la sospecha que podian tener los padres si vian alguna demostracion de buena correspondencia; apartábame de esto estar entre enemigos de la nacion y de la fé; el acudir mal al amor que el padre me mostraba, que me habia entregado su hija para que la enseñase, y sobre todo, y más que todo, no ser ella bautizada. Resolvíme al fin de que aunque me abrasase no habia de mirarla con cuidado. La pobre doncella que sintió novedad en mí, llevólo con mucha melancolía de corazon, abatimiento de ojos, arcaduces y lumbreras del alma, color mudado de rostro, suspension en las palabras y encogimiento en el trato. Preguntábanle qué tenia. Y respondia que era enfermedad que ni la habia tenido, ni conocido, ni sabia decir qué fuese. Preguntábanle si queria alguna cosa. Respondia que era imposible lo que deseaba, que era solamente ver á España, y esto entre risa y tristeza, vino á ser melancolía de manera que hizo cama contra su voluntad, porque no podia ser visitada de quien ella queria, ni entraban allá sino es las mujeres solamente, y aquellos eunucos, gente vigilantísima, que como sea para quitar el gusto, sirven con gran cuidado, que estas doncellitas no tienen esperiencia del mundo, ni saben gobernar sus pasiones y apetitos. En faltándoles aquello que miran con buenos ojos y mejor voluntad, les parece que les ha faltado el cielo y tierra, y se rinden á cualquier borron por satisfacer á las ansias que padecen. Y así las que usan de ser miradas, es lo más sano ó casarlas, ó quitarles la ocasion de ver y ser vistas: más impresion hace la pasion en la sangre nueva que en los pechos que se han de guardar. Á los sembrados, si cuando están granados les falta el agua, no les hace mucha falta; pero si les falta cuando están tiernos, luego se marchitan y paran amarillos; y todas las cosas naturales van por este camino. Las doncellas ignorantes de querer y olvidar, con cualquiera disfavor se marchitan, como hizo esta doncellita á quien yo queria más de lo que ella pensaba.