—Pues yo desde hoy miraré esa calle con toda la veneración que se debe á un monumento que nos recuerda los progresos de la ilustración del siglo en que hemos nacido.

Manuel Payno.

EL TAPADO

I.

El mes de mayo de 1683 fué de una gran agitación en México. La capital de la colonia, de ordinario tan tranquila y pacífica, había cambiado repentinamente de situación, y á la monótona quietud de otros días había sucedido una especie de movimiento febril, una animación extraordinaria y una conmoción verdadera en todas las clases de la sociedad.

Era que los piratas habían desembarcado en la nueva Veracruz, y los piratas eran enemigos terribles para las colonias españolas.

Casi á mediados del siglo XVII se turbó repentinamente la tranquila posesión que tenían los españoles en las islas del mar de las Antillas y en las costas de la tierra firme; el comercio se interrumpió, y las flotas que de la América salían para Europa, cargadas de tesoros ó ricas mercancías, necesitaban ir custodiadas por navíos de guerra, so pena de caer en manos de los piratas, y aun esta prevención fué inútil algunas veces, porque los piratas atacaron y vencieron á los almirantes españoles, como habían vencido á los gobernadores de las ciudades y de las fortalezas.

El mar de las Antillas, el seno mexicano y el golfo de Darien estaban constantemente cruzados por piratas, cuyas hazañas eran el asombro de los marinos del rey de España, y el dominio de aquellos mares perteneció sucesivamente á Mansveld, á Juan Morgan, á Lelonois, á Juan Darien, á Lorencillo, á Juan Chaquez, á Nicolás de Agramont, hombres todos de un valor, una audacia y una sagacidad sin ejemplo.

Los piratas no se contentaban con apresar los buques mercantes, atacaban á los de guerra, y hacían desembarcos con el objeto de saquear ciudades de importancia.

Casi siempre salieron triunfantes en sus empresas, y se hicieron sucesivamente dueños de Puerto-Príncipe, de Maracaibo, de Porto-Bello, de Veracruz, de Tampico y de otras ciudades de las islas y tierra firme.